20.10.07

Cuando el bolsillo aprieta, la desesperación es grande

En la revista Ñ del pasado sábado 13/10 se publico una entrevista que Frederique Roussel de Le Monde, le realiza a Andrew Keen, que este año publico un libro polémico The cult of the amateur. El bautizado “Anticristo de Silicon Valley” agrega un subtítulo con las garras hacia adelante: “Internet está matando nuestra cultura”. En realidad el buen hombre busca no perder su lugar como escritor consagrado dentro de medios que pagan en metálico sus intervenciones a manos de personas (como uno) que realizan todo esto por amor al arte (a la espera de que alguien venga y nos ofrezca un dinerillo). Veamos por qué.

Como pie de página, debo confesar que la nota rompió con mi cinismo habitual frente a la prensa “establecida” y termine por hacer lo que nunca: subrayar párrafos y escribir comentarios al margen de la nota a medida que discutía (sí, esa es la palabra) con ella.

Keen ha emprendido con gran cintura mediática una guerra contra Web 2.0 y arremete, en primer lugar, desde su propio blog, http://www.thegreatseduction.com/. No deja de ser irónico, además de resultar obvio, que ponga la lucha en terreno del enemigo. Escribe Roussel: “No vacila en escribir que millones de monos detrás de su teclado alimentan una jungla de mediocridad. El periodismo ciudadano (...) participa, según Keen, de (la) ideología del amateurismo.” Obviamente del caos que siempre ha salido de la producción de demasiados escritores han emergido las piezas literarias (y periodísticas) más importantes de nuestra historia. Pero para qué mencionarlo, ¿no? Habla Keen de un apocalíptico caos cultura y ético, del robo de la propiedad intelectual (¡uh, qué mal, che!), y de vació intelectual. No olvida, por supuesto, una verdad de Perogrullo, cuando dice que “todo el mundo se expresa, pero narcicísticamente” y relaciona está supuesta verdad (que no cambia nada, los que hacen eso en sus blogs, están en verdad reproduciendo su vida personal “allá afuera”, o su falta de una) a través de una tortuosa lógica que no alcanzo a aprehender con que “la ética del conocimiento es tan dominante que el conocimiento, el talento y el saber pierden terreno.”

Habla también de análisis políticos superficiales, como si esto fuera importante: lo que realmente importa es que la gente se sienta atraída por la política, siempre que entendamos está por un interés en saber lo que ocurre en su polis. Lo que sigue en la entrevista es, casi, inentendible. Dice: “La Web 2.0 está matando nuestra cultura, atacando nuestra economía y destruyendo nuestros códigos de conducta.” Es extraño, desde mi punto de vista, que alguien que tiene un conocimiento tan profundo del mundo digital (no vamos a negar que lo tiene) exprese semejantes opiniones. La única explicación que se me ocurre es que éste sea el miedo hablando, no tanto suyo como de sus empleadores, a perder sus bases de sustento económico, pero más que nada de perder su cuota en el lobby a los distintos organismos políticos nacionales e internacionales. Finaliza la idea sosteniendo que “en el siglo XX, los medios de comunicación masiva fueron los que democratizaron el acceso a la cultura.” A esto anote: “Sí, claro, para aquellos que pueden pagarlo.” Los medios no son democráticos sino exclusores tanto a nivel de las competencias educativas (la palabra literacy da cuenta de esta idea a la perfección) como a nivel económico. No se puede negar que la Red, incluso luego del advenimiento de los weblogs, reproduce estas exclusiones y las hace más complejas. Pero también abre, no una puerta, pero si una ventana para el cambio futuro. Estamos en pos de que todos seamos capaces de opinar. Falta mucho, y quizás la distancia sea insalvable, pero la posibilidad late (y fuerte).

Vuelve el miedo cuando se queja de la filosofía p2p: “La sacrosanta comunidad puede llegar a decidir, de manera consensuada, que dos más dos equivale a cinco. Lo peor, me parece, es el anonimato que reina en línea. Cada uno debería estar obligado a dar su verdadera identidad.” Ya con esto Michel Foucault se haría un festín. La necesidad de saber que piensa el ciudadano, para así poder controlarlo, se ha vuelto acuciante para gobiernos que hacen agua por todos lados. Si no ver este ejemplo donde, en los Estados Unidos, por declararse a favor, la weblogger Libertarian Lady (justamente a través de su blog) de una pareja de personas mayores que se negaban a pagar los impuestos por considerarlos erróneos moralmente, el FBI visitó su domicilio como si de un terrorista se tratará. La tierra de las oportunidades y la libertad de palabra, por supuesto.

Y lo que sigue no puede ser catalogado sino como fascismo o, mejor, maccartismo: “Esta supuesta democracia me parece en realidad una oligarquía, el resultado de una alianza entre los ex de la contracultura y los fundamentalistas liberales.” En serio, este hombre ve amenazas chinescas en estos (nuevos) comunistas, como si de Mc Carthy se tratará. Para terminar pide más control ya que él está en contra del amateurismo elevado a ideología. “Hoy -dice- se la idealiza, con lo cual corremos el peligro de trabar y censurar la verdadera creatividad. (...) El dueño de una computadora no se transforma en un periodista creíble del mismo modo que un libro de recetas no hace un buen cocinero.” Más allá de la paupérrima analogía, esto habla del sentido real de su lucha. Por una lado, generar polémica para que su producto (libros, notas, conferencias) sean más pedidas y, por tanto, más vendible, con lo que su valor económico no puede hacer más que crecer. Y por otro lado, estas expresiones de deseo no son más que la plegaria demudada de un hombre (representante de un grupo aún más grande) cuyo temor más grande es el de PERDER SU EMPLEO. Ni más ni menos.

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