10.6.08

Guardarrail

Luego de haber protagonizado, tangencialmente, un dramático pedido de ayuda, me interrogue acerca de la contención psicológica y material que ofrece, y/o debería ofrecer, la universidad estatal argentina. Para pintal el cuadro de la situación a la que hice referencia en el parráfo anterior, basta con decir que un alumnos buscó a su profesor fuera del horario académico para relatarle sus dramas, necesitando en primer lugar un hombro sobre el cual llorar y, por qué no, una posible salida a los problemas personales que lo agobiaban. A este alumno lo siguieron dos más, enterados de lo hecho por el primero.

Nombres y detalles huelgan, ya que no es el quid de la cuestión. Sí lo es saber si la universidad brinda la suficiente contención a los alumnos. De hecho, deberíamos preguntarnos si le cabe tal responsabilidad.


En las escuelas primarias, así como en la educación inicial, y más que nada en zonas bien precarizadas, no falta la copa de leche durante el desayuno o la merienda. Esta colación sustituye, en algunos casos, el almuerzo o la cena. A ésta cuestión de extrema necesidad se le agregan los gabinetes psicopedagógicos para afrontar la parte socioambiental de las distintas cuestiones, entre ella la económica. En el siguiente nivel, más allá de la falta de planificación con la que se acusa a nuestra educación, hay una continuación de estas políticas en tiempo y espacio, más que nada en lo que se refiere a lo psicológico.

Al contrario, en la universidad esto no ocurre. Es decir, el gabinete psicopedagógico existe pero, salvo en los casos más obvios, es el alumnos el que tiene que pedir ayuda, es decir que no interviene de oficio. Por desidia, falta de tiempo o de reflejos, la relación docente-alumnos no suele superar lo estrictamente académico. La pregunta que surge es si debe superar esa barrera o no. Se me ocurre, ya que no una respuesta, algunas puntualizaciones acerca del tema:

  • La educación sufrió una pauperización tal en los 90 que el rol de maestro perdió la jerarquización social que gozará en otras épocas. La necesidad de trabajar hizo que se convirtiera en la elección obligobligada de muchas personas con problemas de empleo.
  • El país expulso del cuerpo social a una gran cantidad de personas, y los hijos de ésta comenzaron a buscar en la escuela el cobijo que no encontraban en la casa por la falta de dinero (que lleva al límite a la mayoría). No siempre lo encontraron.
Mientras esto ocurría la universidad mantuvo (mantiene) la estructura que viene desde Bolonia en donde el profesor da, efectivamente, cátedra, y los alumnos escuchan. No hay lugar, y desde luego no se propicia, conversaciones que salten lo académico o que hagan al quehacer universitario. Entonces el alumno que, por las razón que sea, carga con un peso demasiado pesado para sus hombros, no podrá encontrar en los docentes un consejero, ni siquiera un hombro donde llorar.

De nuevo, no estoy seguro que debiera encontrarlo, pero si se que tenemos que reconocer que la recontrucción del sistema educativo destruido por el neoliberalismo es solo un síntoma de una sociedad que que ha visto como sus horizontes y esperanzas hacían crack una y otra vez, una sociedad hundida en la que sus componentes terminaron por perder todo sentido de pertenencia a grupo alguno. La recuperación, si la realidad le da el tiempo para que ocurra, tendrá que ser acompañado por prácticas/políticas activas que estarán por fuera de lo que habitualmente se considerá educación universitaria. Y la tarea primordial de los educadores estar atentos a poder, en primer lugar detectar, y luego desempeñar los roles cambiantes que iran surgiendo a lo largo del camino.

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