19.11.07

El túnel

Hay una corriente del marxismo que dice que la cultura es un espacio de lucha por la hegemonía (si no fue Gramsci, pega en el poste). ¿Qué tal este? El túnel de la estación Bernal, donde las distintas facciones o los so-called "partidos" se disputan los espacios de poder de los centros de estudiantes de la UNQui (Universidad Nacional de Quilmes).

Una universidad pequeña, sólo dos facultades (naturales/exactas y sociales), y su relativa juventud, es lo que mantiene el hall central libre de propaganda partidista, esa que invade paredes y aire de la mayoría de las universidades nacionales.

En la UNQui la política, las campañas y los intereses todavía conservan cierto grado de ingenuidad entre encomiable y molesto. Lamentablemente, el aumento de alumnos con la consiguiente suba de presupuestos logra poco a poco que se vayan filtrando las distintas partidocracia nacional y/o universitaria. La edad de la inocencia está por acabar.

No fui yo, sino Juan Bautista Alberdi el que, en "Grandes y pequeños hombres del Plata"(Editorial Punto de Encuentro, Bs. As., 2007), escribía:
Solo el que ve toda la civilización en el frac, en
la silla inglesa, en el sombrero redondo, puede tomar por barbarie la vida consumida en producir la riqueza rural que hace la
grandeza y opulencia del país.

Trabajador improductivo, como doméstico vitalicio o empleado
perpetuo a sueldo del Estado, él es el que representa la pobreza, más
vecina de la barbarie, según la ciencia de A. Smith, que el trabajo
independiente del obrero rural.

Una república que hace de las funciones públicas su oficio
predilecto de vivir, está en decadencia y marcha a su ruina.
Volviendo al túnel, la lucha política allí pasa rápidamente de las ideologías y las propuestas al insulto personal, en la siempre incesantemente sorda -a las ideas ajenas- lucha por el poder. Ni más ni menos, la odiosa verdad desnuda.

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